El 4 de marzo de 1981, en el corazón de Majagual, Sucre, un grupo de creyentes reunidos bajo la guía del Espíritu Santo dio vida a lo que hoy conocemos como la Iglesia Alfa & Omega. Con apenas un puñado de familias y un salón prestado, comenzó una historia que transformaría generaciones enteras.
Durante las décadas siguientes, la congregación creció de manera sostenida. Cada culto era un encuentro vivo con Dios, y cada familia que llegaba encontraba más que una iglesia: encontraba un hogar. Los testimonios de restauración, sanidad y liberación se multiplicaban semana a semana.
En los años 2000, la visión se expandió hacia los ministerios: niños, jóvenes, matrimonios, intercesión y servicio comunitario. La iglesia dejó de ser un punto de reunión dominical para convertirse en un centro de formación espiritual y transformación social en toda la región de la Mojana.
Hoy, con más de cuatro décadas de historia, Alfa & Omega sigue siendo una iglesia que se mueve con fe y propósito. Transmitimos semanalmente en vivo, alcanzamos familias a través de la radio y seguimos sembrando la Palabra con la misma pasión del primer día.
“La Palabra de Dios es la roca sobre la que edificamos cada familia y cada vida en esta iglesia.”
“Cada mujer que entra aquí debe saber que es amada, restaurada y llamada para un propósito mayor.”
“Esta generación no viene a observar el mover de Dios — viene a protagonizarlo.”
Creemos en la Palabra de Dios como fundamento inamovible de toda nuestra vida y ministerio.
La familia es el diseño original de Dios. Trabajamos para restaurarla y edificarla en amor y verdad.
Seguimos el ejemplo de Cristo, quien vino a servir. Cada miembro es llamado a dar su vida por otros.
Actuamos con honestidad y transparencia en todo lo que hacemos, dentro y fuera de la iglesia.
Le damos lo mejor a Dios en adoración, liderazgo y servicio. La mediocridad no es opción.
Todo lo que hacemos nace del amor de Dios. Amamos a las personas tal como son, con sus historias.